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HISTORIA
Pese a la ubicación en sus cercanías (Acequión, Paredazos, Ojos de San Jorge) de vestigios que se remontan a tiempos romanos y sus anteriores, Albacete (Al-Basit: El Llano) nace en época musulmana en torno a un castillo que custodiaría su estratégico nudo de comunicaciones, y que en tiempos almohades, poco antes de la conquista, pudo tener, tal vez, una cierta importancia, como se desprende de la existencia de cierto Sahib al-Basit (señor del llano), que seguramente gobernaría la plaza y un pequeño territorio en torno.
Reconquistada en 1241 por el concejo de Alarcón, al que Fernando III la concede como aldea en esas fechas, y caída muy pronto bajo la jurisdicción municipal de la vecina Chinchilla, es, al parecer, en la primera mitad del siglo XIV cuando, gracias a la feria aquí instalada, y a sus buenas condiciones de espacio y agua, comienza su andadura independiente de la mano de D. Juan Manuel, señor de Villena, sobreponiéndose lentamente a sus numerosas dificultades (todavía hacia 1324 fue devastada por una algara de moros, hasta el punto de que se hizo preciso trasladar la feria a Chinchilla hasta que Albacete volviera a poblarse.)
Don Juan Manuel dotó de privilegios a Albacete, encauzó hasta aquí las aguas del río Balazote y de la laguna de Acequión, y la separó, al parecer, de su antigua metrópoli. Es muy posible que las alas de murciélago que actualmente ostenta el escudo municipal procedan, en realidad, como ocurre en el caso de otros pueblos del señorío, de las manos aladas que identificaban a la familia Manuel.
Pero la crisis vivida por este territorio desde mediados del siglo XIV, con las pestes y las guerras, debió despoblar la villa y hacerla volver a su primitiva condición de aldea. Luego, el retorno de la paz, y de la feria, que atraía ya a carniceros y tratantes de toda la comarca, e incluso de Murcia y Valencia, permitió una rápida recuperación, bajo el gobierno del marqués de Villena, Alfonso de Aragón, quien en 1375 le concedió el definitivo villazgo y le señaló por término propio una legua a cada lago del camino real.
No fueron fáciles los comienzos, pues Chinchilla recurrió a todos los procedimientos imaginables para impedir su independencia, e incluso llegó a ocupar militarmente Albacete por unos días, en 1395, obligando a su población a jurar obediencia a su concejo. Pero la joven villa saldría airosa de todas las pruebas e incrementaría el número de sus vecinos, forzando en 1414 el amojonamiento de su primer término, que hasta entonces no había podido realizarse por las fuertes presiones de Chinchilla, y llegando a superar a ésta hacia finales de la Edad Media y comienzos de la moderna.
El primitivo núcleo de Albacete se extendía, en medio de los llanos manchegos que llegan hasta el pie del mismo monte en que se alza Chinchilla y da comienzo a la sierra de su nombre, sobre tres pequeños cerrillos fortificados (de ahí, seguramente, los tres castillos de su escudo municipal) y próximos entre sí: el musulmán del Castillo Viejo (probablemente en los alrededores de la actual plaza de las Carretas), el de la iglesia-fortaleza de San Juan, y el de la Villanueva (luego, sucesivamente, conocido como Villavieja, Villacerrada, Alto de La Villa, y hoy, cuando ya no queda resto alguno de las construcciones ni de sus murallas, de nuevo Villacerrada.)
En este último alcor, protegido por la Torre de la Villanueva, y cerrado ya en el siglo XV por un muro de barbacana con cava o foso, se levantaron los principales edificios públicos (ayuntamiento antiguo, torre de la Villanueva...)
Al lado, la plaza Mayor, con el rollo o picoto municipal. Ya desde el siglo XV, los tres cerrillos se veían enlazados por calles que recibían los nombres de los edificios y lugares (El Tinte, La Cruz, La Feria) y más tarde de las ermitas y conventos (Rosario, San Agustín) situados extramuros (la población, que creció durante el siglo XV al mismo ritmo en que decaía la influencia de Chinchilla, se amuralló en el XVI.)
En esas fechas, la villa reforzaba su función comercial y de acogida con varias posadas (la del Rosario, la de La Estrella, la de La Feria.)Además también se desarrollaba una modesta artesanía y un fuerte incremento de las actividades agropecuarias. Incluso llegó a ampliar su término municipal a costa del de Chinchilla, comprando a Felipe II un buen pedazo de éste (hoy, tras aumentarlo de nuevo, posee el mayor de la provincia, con 1.233 km.)
Aunque todavía hubo de sortear no pocas dificultades (desmanes de las tropas en tránsito hacia los puertos de embarque, concentración de miles de moriscos deportados de Las Alpujarras), no paró de crecer hasta la crisis del siglo XVII, que registra el único, pero importante, retroceso de su historia debido, sobre todo, al encharcamiento de la vieja acequia de drenaje, que convirtió en pantanoso y malsano una buena parte del entorno provocando el hundimiento del comercio y el estancamiento de la economía.
Pese a todo, la feria, emplazada en el último cuarto del siglo junto al convento franciscano fundado en la dehesa de Los Llanos, donde desde antiguo compartieron santuario San Pedro de la Mantilla y la Virgen de los Llanos contribuiría en no poca medida a paliar los efectos de esta decadencia.
En el XVIII, la reactivación de la feria (Felipe V concede el privilegio en 1710, y, tras muchas querellas y pleitos con los frailes y con Chinchilla, el municipio consigue trasladarla al edificio actual emplazamiento en 1783) y el cambio de coyuntura económica vuelve a propiciar un modesto despegue de Albacete, entorpecido todavía, no obstante, por el encharcamiento de las aguas, que continuarán dificultando el desarrollo hasta que, bien entrado ya el siglo XIX, se lleve a término el antiguo proyecto de drenaje que daría lugar al canal de María Cristina.
En el XIX, los saqueos de las tropas napoleónicas, las guerras carlistas y las epidemias de cólera retrasarían su relanzamiento; aunque también es preciso señalar que, con la capitalidad provincial en 1833, el establecimiento de la Audiencia en 1834, la llegada del ferrocarril (1855) y la concesión del título de ciudad por Isabel II en 1862, Albacete comenzó a tener cierto tono urbano. Esto era ya un hecho a fines de siglo con la inauguración temprana de alumbrado eléctrico en 1888 y la instalación de las primeras fábricas industriales.
Con todo ello, y con un gran ritmo de crecimiento vegetativo no interrumpido desde mediados de siglo, Albacete sentaba las bases de su definitiva hegemonía comarcal y regional. Ayudaría mucho, sin duda, la feria, que gozaba de merecida fama en España y concentraba ganados de lugares muy lejanos (en 1831 se contabilizaban en la cuerda, donde solían venderse, 12.000 vacas, 17.762 asnos, 5.363 caballos, y 21.619 mulas, lo que la sitúa a la cabeza de las ferias de España, sin desmerecer junto a las de Sevilla, Jerez o Medina del Campo.)
Pero en buena medida, y aun cuando guarde todavía algunos restos anteriores (catedral de San Juan, posada del Rosario, monasterio de la Encarnación o de la Asunción), el Albacete actual es hijo del siglo XX.
Ese siglo XX, y sobre todo aquellos años de la primera guerra mundial, que enriqueció a su burguesía con las ventas de suministros a los contendientes y los locos veinte que siguieron, vino a confirmar las tendencias progresistas de Albacete y a dotarla de aguas potables, alcantarillado, parques y jardines, Cajas de Ahorros, un "Banco de Albacete", y diversos elementos de infraestructura que permitieron el desarrollo de algunas actividades industriales, en parte ya tradicionales: metalurgia y cuchillería, alimentación y materias de construcción. Así, la centuria vio multiplicarse a ritmo creciente la población, pasando desde los 21.500 habitantes en 1900, a los casi 42.000 en 1930, y los 64.200 habitantes en 1944, en uno de los incrementos más espectaculares que conocieron las ciudades de España. Albacete creció, preferentemente, hacia el mediodía (Tesifonte Gallego y ensanche sur) y hacia noroeste (barrio de la Industria), pues las vías del ferrocarril, al norte, dificultaban la expansión.
Luego, durante la posguerra, se abrió lejos ya del centro, y casi como un pueblo aparte, el barrio Hogar (popularmente rebautizado Casas Baratas.) Con él, y con otros grupos de viviendas militares, se señalaron las direcciones de los nuevos ensanches, también preferentemente, aunque no exclusivamente, al sur y al oeste, hasta enlazar con los barrios marginales que existían en los alrededores.
Hoy, tras el desarrollo de nuevas barriadas periféricas, que engloban ya los antiguos suburbios marginales y se desbordan en todas direcciones (muy en especial en la del estadio Carlos Belmonte y el cercano campus universitario), más allá de la antigua carretera de circunvalación. Albacete es, sin duda, la mayor ciudad de la región. La ciudad es bien distinta de la que conocieron en su niñez la mayor parte de sus habitantes, que a veces, a pesar de su comodidad y su vivir, todavía relativamente relajado, la encuentran demasiado ajetreada y añoran el poblachón manchego de otro tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

 

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